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Radioblog #LaVida: La ideología frente a la realidad energética, por Manoly Roldán

Radioblog #LaVida: La ideología frente a la realidad energética, por Manoly Roldán

Hace una semana se produjo el gran apagón eléctrico en España, alrededor de las 12:30 del mediodía. También se vieron afectados otros países, como Portugal, parte de Francia y Groenlandia. Fue un acontecimiento de gran magnitud, sin precedentes en nuestro país. Creíamos ser una nación desarrollada y, de repente, todo se desmoronó: nos descubrimos vulnerables ante lo que estaba ocurriendo.

Las tiendas quedaron a oscuras y los trabajadores de oficina salieron a la calle. No había cobertura telefónica ni acceso a Internet: estábamos completamente incomunicados. Resultaba desconcertante no poder hacer las tareas cotidianas más simples. Aun así, la gente se mostraba tranquila en las calles, mientras poco a poco nos íbamos enterando de lo sucedido.

Algunos bares seguían funcionando, y quienes llevaban dinero en efectivo podían comprar; en cambio, quienes dependían exclusivamente de tarjetas de pago no tenían esa posibilidad. Esto llevó a muchos a reflexionar sobre qué ocurriría si el único medio de pago fuera el “euro digital”: en una situación como esta, no podríamos adquirir absolutamente nada.

El sistema aeroportuario sufrió graves alteraciones: el control aéreo quedó comprometido, los pilotos intentaban manejar la situación como podían, y los vuelos seguían aterrizando y despegando en condiciones precarias. Sin embargo, el mayor colapso se produjo en el sistema ferroviario: numerosos pasajeros quedaron atrapados en los trenes durante horas, hasta que los bomberos lograron rescatarlos. Durante las primeras noches, muchos tuvieron que pernoctar en estaciones de tren de distintas localidades. Otros quedaron atrapados en ascensores y también fueron rescatados posteriormente.

En los hospitales se suspendieron consultas y operaciones, aunque se pudo recurrir a generadores eléctricos para atender los casos urgentes. La vida de los enfermos de ELA, que dependen de la electricidad para sobrevivir, estuvo especialmente en riesgo. A pesar de los esfuerzos, se registraron algunas muertes como consecuencia directa del apagón.

Algunos supermercados disponían de generadores eléctricos y lograron atender al público. La población, movida por la incertidumbre, compró de forma masiva, dejando vacías algunas estanterías, especialmente las de agua embotellada, papel higiénico, pilas, linternas y velas. Mientras tanto, numerosos conductores recorrían la ciudad en busca de gasolineras operativas para poder repostar.

En los colegios se suspendieron las clases y los alumnos fueron evacuados. Profesores y estudiantes mostraban preocupación por comunicarse con sus familias, mientras que muchos padres vivían momentos de angustia sin saber cómo se encontraban sus hijos.

Las estaciones de autobuses se encontraban abarrotadas, con personas intentando regresar a sus hogares y reunirse con sus seres queridos.

Con el paso de las horas, muchos buscaban alguna vieja radio a pilas, guardada en un rincón olvidado, para poder informarse sobre lo que estaba ocurriendo. Incluso se rescataban teléfonos móviles antiguos con radio incorporada. Algunos lograron conectarse a Internet mediante satélite, gracias al sistema Starlink de Elon Musk.

Circulaban todo tipo de versiones: un posible sabotaje por ciberataque ruso, un fallo en la red de distribución, causas climáticas, fenómenos atmosféricos o incluso errores humanos. En medio de la confusión, se esperaba con urgencia una declaración del presidente del Gobierno, que no llegó hasta las 18:00 horas. Cuando por fin habló, su mensaje fue poco esclarecedor: afirmó que aún se desconocía la causa, pidió limitar el uso del móvil y no dar crédito a los “bulos”. Sin embargo, fueron precisamente algunos de esos “bulos” los que, a través de la televisión una vez volvió la electricidad, ofrecieron explicaciones más detalladas que la versión oficial. Lo único confirmado era la existencia de un gabinete de crisis.

Al caer la noche, y ante el temor de que el apagón se prolongara, muchos buscaron el viejo “kit de emergencia”, que apenas contenía algunas velas desgastadas, fósforos, mecheros y alguna linterna a pilas para enfrentar la oscuridad. Otros salieron a comprar velas, pilas, radios y artículos similares.

Durante unas horas, nos olvidamos de las redes sociales, de la inteligencia artificial y de cualquier otro tema que nos distrajera de lo esencial: encontrar soluciones para afrontar el apagón. Dentro del caos, algo positivo emergió: muchas familias se reencontraron, unidas frente a un mismo desafío.

A medida que se restablecía la electricidad, comenzaron a emitirse en televisión varios programas informativos con opiniones diversas. En algunos canales nacionales participaron especialistas y expertos en la materia, quienes ofrecieron sus explicaciones sobre lo ocurrido y expusieron lo que, a su juicio, podría haber provocado el apagón eléctrico.

Poco antes de las 23:00 horas, el presidente del Ejecutivo ofreció un segundo mensaje, muy similar al anterior y sin aportar novedades sobre las causas del apagón. En su intervención, responsabilizó de lo sucedido a las principales empresas del sector eléctrico: Endesa, Iberdrola, Naturgy, Repsol y EDP España.

También señaló a Red Eléctrica como parte responsable. Esta empresa, encargada del transporte de electricidad en alta tensión y operadora del sistema eléctrico nacional, gestiona las interconexiones internacionales, planifica infraestructuras futuras y actúa como árbitro neutral entre generadores y distribuidores. Red Eléctrica cuenta con una participación estatal del 20%.

A todas estas entidades se les solicitó un informe. Además, se encomendó al CNI la apertura de una investigación para determinar si el apagón pudo haber sido causado por un ciberataque, considerado un posible acto de terrorismo.

Para garantizar la seguridad durante la noche, se desplegaron 30.000 agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (Policía Nacional y Guardia Civil).

Ocho comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular: Madrid, Andalucía, Extremadura, Murcia, Castilla-La Mancha, Galicia, La Rioja y la Comunidad Valenciana solicitaron la activación del Nivel 3 de Emergencia Nacional, con el fin de garantizar una respuesta coordinada. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, asumió la dirección del operativo.

La Audiencia Nacional abrió diligencias para esclarecer el origen del apagón, y la Unión Europea se mantiene informada de los avances. Esperemos que, entre todos, se logre determinar la causa y encontrar una solución.

Por otro lado, Portugal que también se vio afectada, aunque durante menos horas, reaccionó con mayor celeridad. Su primer ministro, Luís Montenegro, declaró que el origen del apagón se encontraba en España y no tardó más de una hora en dirigirse a la población con un mensaje de calma.

Montenegro solicitó explicaciones al Gobierno español, pero no obtuvo respuesta inmediata, ya que se argumentó que el suceso seguía bajo investigación. Ante la falta de claridad y confianza, Portugal decidió pedir a la Unión Europea un informe independiente sobre las causas del incidente y propuso establecer una relación directa con Bruselas en materia energética, evitando así depender de España.

Paralelamente, se reunieron los responsables de energía de España, Francia y Portugal para analizar lo ocurrido y encontrar soluciones que eviten una repetición del episodio, dado el elevado impacto económico generado. En el caso de España, los principales perjudicados fueron las empresas, los autónomos y las familias.

Se pretende esclarecer con exactitud las causas del apagón, ya que de los resultados dependerá el tipo de indemnizaciones a las que podrían acogerse los afectados.

Por su parte, algunos expertos recordaron que desde hacía tiempo se venía advirtiendo a Red Eléctrica, empresa encargada de coordinar el sistema eléctrico junto con las comercializadoras, dependiente en parte del Estado y con una notable presencia de directivos afines al PSOE, de los riesgos que implicaba apostar cada vez más por las energías renovables en detrimento de la energía nuclear.

Al parecer, las energías renovables no fueron capaces de reactivar por sí solas el sistema eléctrico, lo que provocó el colapso generalizado del suministro. Fue gracias a la aportación de 2 gigavatios de energía nuclear procedente de Francia, 900 megavatios suministrados por Marruecos, y la activación de centrales hidroeléctricas

y de ciclo combinado en territorio español, que se logró restablecer el 99 % de la demanda eléctrica para las 6:00 de la mañana del 29 de abril.

El PSOE defiende que, para el año 2050, el sistema energético español esté basado completamente en energías renovables, en línea con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París. Su plan incluye el cierre progresivo de las centrales nucleares en España, bajo el argumento de que no son «ni baratas ni limpias», y que las renovables representan una oportunidad para la reindustrialización del país.

Esta visión es compartida por otros partidos de izquierda, que también apuestan por reducir la presencia de la energía nuclear en favor de fuentes renovables como: la biomasa, la energía solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica, mareomotriz y undimotriz. Todo ello en detrimento de las fuentes clásicas: petróleo, carbón, gas natural y nuclear cuya eficacia ha sido demostrada durante décadas.

El objetivo declarado es llevar a cabo una “transición energética”, aunque lo ocurrido con el apagón ha puesto de manifiesto sus debilidades: las renovables siguen dependiendo de un sistema tradicional para su respaldo. A día de hoy, les falta una infraestructura adecuada, inversión suficiente y avances tecnológicos que permitan garantizar la estabilidad del suministro.

Las energías renovables y las tradicionales pueden ser complementarias, siempre que se apliquen de forma inteligente y coordinada. Sin embargo, en lugar de buscar ese equilibrio, el Gobierno ha optado por imponer fuertes cargas fiscales a las centrales nucleares, empujando así a las empresas del sector al cierre.

Además, los grandes parques eólicos y fotovoltaicos afectan negativamente a ciertas zonas rurales. Agricultores y vecinos ven cómo se ocupan sus terrenos o se altera el uso del suelo, generando tensiones sociales y económicas.

El auge de las renovables también impacta en otros sectores: el de los combustibles fósiles, la industria nuclear, las industrias intensivas en consumo energético, e incluso contribuye al desempleo en sectores tradicionales vinculados a la energía clásica.

En la práctica, varios países que inicialmente apostaban por las energías renovables han acabado girando hacia la energía nuclear como complemento necesario, ante una realidad que se impone. Francia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y Suecia han optado por reparar sus antiguas centrales nucleares y construir nuevas, sin abandonar por ello el desarrollo de las renovables.

España, en cambio, se mantiene al margen de esta tendencia global, ignorando una realidad que, por más que se quiera evitar, se muestra tozuda.

Ojalá lo ocurrido sirva para que se reconozca la utilidad de cada fuente de energía al servicio de la población. No debería politizarse un recurso tan esencial para nuestra subsistencia. Lo cierto es que, durante los gobiernos del Partido Popular, se tiende a frenar el avance de las renovables y apostar por la energía nuclear, mientras que bajo gobiernos del PSOE se acelera el despliegue de las renovables y se margina la nuclear.

Recientemente, el Partido Popular Europeo se reunió en Valencia y defendió un modelo energético que combine la energía nuclear con las renovables. En ese contexto, el líder del PP español solicitó a la Unión Europea una auditoría internacional e independiente sobre el apagón, ante la falta de información proporcionada por el Gobierno.

Incluso han circulado propuestas radicales, como la nacionalización del sector eléctrico, impulsadas por sectores de extrema izquierda. Basta mirar el caso de Cuba para entender los riesgos de ese camino: apagones constantes, tecnología obsoleta, escasa inversión y una alta dependencia del petróleo importado.

Aunque esta vez el problema fue el suministro eléctrico y confiamos en que no se repita, no debemos olvidar otro desafío crónico que enfrenta España: el del agua. Este año ha llovido lo suficiente y los embalses están a medio llenar, pero no siempre es así. Sería deseable contar con un verdadero Plan Hidrológico Nacional que permita afrontar la escasez hídrica que afecta a la agricultura, la ganadería, la industria y, en definitiva, al funcionamiento de todo el país.

En conclusión, hemos vivido un hecho excepcional que ha evidenciado la politización de la energía eléctrica, un recurso esencial para la vida moderna y desarrollada.

La ciudadanía espera que sus representantes políticos se pongan de acuerdo, al menos en cuestiones clave como esta, pues las desavenencias tienen consecuencias directas sobre la sociedad. No se trata de destruir lo que se heredó de gobiernos anteriores, sino de aprovechar lo que funciona, independientemente de la ideología, con inteligencia y sentido común.

También es fundamental que los organismos públicos estén dirigidos por profesionales con formación específica y no por perfiles elegidos por motivos políticos.

Este apagón ha puesto en evidencia la débil interconexión de España con el resto de Europa y la necesidad urgente de reforzar nuestras infraestructuras eléctricas para garantizar la seguridad energética.

Y, por último, ha quedado claro que una gran parte de la población no está preparada ante una emergencia de este tipo. Hace tiempo que se recomienda tener un “kit de supervivencia”, pero muy pocos lo han tomado en serio. Tal vez este episodio sirva como un recordatorio.

“La energía es un asunto de Estado. Requiere técnicos preparados, infraestructuras sólidas y decisiones alejadas del cortoplacismo político. Lo ocurrido debe ser un punto de inflexión. No basta con restablecer el suministro; hay que restablecer el sentido común. La improvisación no puede dirigir un sistema del que depende nuestra vida diaria. Es hora de exigir responsabilidad y competencia, no excusas”.

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