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#VideoBlog #PaseoAbajo: A veces uno intenta entenderse como vecino, por Juan Torrijos

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Viene a cuento de los macro festivales de música a celebrar durante los veranos. Una moda que se puso en marcha en la década de los setenta, y que se ha recuperado para bien de los jóvenes y dolor de cabeza de los mayores. Hace unos meses se dio a conocer que el famoso que venía ubicando sus reales, su música y su ruido en la localidad de Villaricos, donde pasa los veranos la familia de mi querido amigo Rafael Lázaro, pasaba a celebrarse en la capital, y para ser más concreto en lo que venimos denominando desde hace unos años como el Toyo.

La noticia del cambio no cayó nada bien entre los vecinos del levante almeriense, que perdían así unos importantes ingresos económicos durante los días del festival. Se habla de unos cuantos millones en pocos días. Entendimos la queja de estos ciudadanos, ya que perder unos dineros que se venían logrando durante unas jornadas de fiesta y jarana no le viene mal a casi nadie.

Lo que no esperaba es que desde el Toyo se levantaran voces de vecinos y ciudadanos que no están de acuerdo con la llegada de los grupos, las carpas, el ruido y los dineros que lleva aparejado un acontecimiento de estas características. Lo que a unos vecinos les parece bien, a otros les parece mal. Unos se quejan por lo que pierden y otros por lo que ganan. No deja de ser interesante comprobar cómo los ciudadanos ven de distinta manera el mismo problema, si es que es un problema. La seguridad en Villaricos a lo largo de estos años ha respondido, y si es cierto que durante los primeros hubo más de uno y de dos altercados, los organizadores han sabido controlar las movidas de jóvenes que siempre están por la labor de aumentar los decibelios de una juerga. Cuestión esta que, a su edad, por la que todos hemos caminado, hemos tenido igual o parecido comportamiento.

Lo cierto es que, si mañana anuncian a cincuenta metros de la puerta de casa un festival de muy altos decibelios, creo que me opondría, como hacen los vecinos del Toyo. Entiendo los argumentos de don Diego Cruz, edil popular y al que la música le priva, un festival como este en la ciudad sería un triunfo para él. Veremos si lo logra. ¿Ganarán los vecinos, se impondrá el concejal? ¿Tendremos o no festival? ¿No nos estaremos volviendo demasiado quejicas los ciudadanos? Da la impresión de que todo nos molesta. Tengo un amigo que dice que los viejos nos hemos vuelto unos coñazos. Lo mismo tiene razón.

En los terrenos del Toyo, hoy escriturados según se dice por dueño del equipo del Almería, el sábado perdía ante el Valencia, esto no hay quién lo enderece, los rumores apuntan que hay prevista la construcción de una urbanización de lujo, o casi. Pero esta es otra historia a la que habrá que apuntarse en otro momento. Hoy tenía el cuerpo festivalero y recordando tiempos lejanos. No puede uno negar que hace años, y tantos cómo han pasado, cogía una manta, la mochila y a las largas horas de música en inhóspitos campos de fútbol de tercera división, donde la hierba era inexistente, estaba duro el puñetero suelo, pero no lo notabas. Claro que el cuerpo en aquellos años lo aguantaba todo, hoy el mío no sé si lo soportaría. Lo mismo los vecinos del Toyo tienen razón, y lo del festival al lado de sus casas es un tostón de dimensiones siderales.

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