VÍDEOBLOG #Miedodequé: Historia de un vídeo rival: a Sobaquillo no le gusta que le pregunten por sus recortes sanitarios en el año 2014, por Víctor J. Hernández Bru.
Pues sí: se ha hecho viral. Tristemente, porque lo que debería ser algo completamente normal, como el que un periodista le pregunte a un representante público que cobra de nuestros impuestos en un acto oficial, se ha convertido en algo extraordinario.
Puede que haya quien, cuando se señala a la luna, se quede mirando al dedo, pero aquí lo sustancial del asunto no es otra cosa que el hecho de que a MJ Montero – Sobaquillo Veloz no le gusta que le pregunten por los 8.000 millones en los que dejó el presupuesto de la sanidad pública andaluza cuando llegó a la Consejería de Hacienda, allá por 2014, ni por ese 25% de recortes acumulados que protagonizó en esa misma materia durante sus años de consejera.
Hombre, si yo hubiera dejado la sanidad tiritando, aquella sanidad de las camas en los pasillos, de las obras que nunca terminaban, de las lista de espera interminables y a la par desconocidas porque se guardaban en cajones, de los médicos que emigraban porque les pagaban una miseria, de las tardes que no se cobraban, de los contratos al 75% del sueldo y por un día, obviamente no me presentaría ahora a candidato a la presidencia.
Pero, en todo caso, si me viera obligado a hacerlo, por circunstancias que ahora mismo se me escapan, no se me ocurren, desde luego que no hablaría en absoluto de sanidad y ni a punta de pistola sería capaz de repetir la estupidez ésa de que ahora, cuando el presupuesto sanitario público de la comunidad es justo el doble de aquél en que ella lo dejó en 2014, se está desmantelando la sanidad.
Sobaquillo no tiene vergüenza; eso es un hecho. Y además es de ese tipo de políticos que creen que están por encima del bien y del mal, que pueden manejar a los medios a su antojo, que son dueños de cuándo, dónde e incluso cómo les hemos de preguntar, de cómo tenemos que hacer nuestro trabajo. Sobaquillo tiene la poca vergüenza de afirmar que preguntarle en un acto público, en una visita oficial y con los medios convocados en una muestra agrícola es faltarle al respeto.
Yo, en cambio, creo que al respeto nos lo falta a los ciudadanos una política profesional que no responde a las preguntas de la prensa en ese acto, que convoca a los medios pero sin preguntas (eso es lo que hizo), que se lleva el dinero de los andaluces para financiar a Cataluña, que participa en gobiernos autonómicos donde se pulían ilegalmente 680 millones de euros, entre otras cosas en putas y coca, que nos miente como si fuéramos completamente imbéciles y que, además, va de que ha trabajado en la sanidad pública cuando lo que hizo fue ostentar un cargo administrativo.
A Sobaquillo le hice sólo una pregunta, el viernes en Expo Levante, con toda la educación del mundo, mientras ella simulaba una falta de respeto y su séquito pagado con nuestros impuestos me impedía andar, me bloqueaba, me sobaba y agarraba el brazo y me empujaba.
Seguramente, otro habría presentado una denuncia. Y con otro me refiero a cualquier rojo desorejado. A mí me da exactamente igual todo eso. Ni cien millones de gorilas y jefas de prensa de mano larga, ni tan poco gentes que miran al dedo cuando se señala a la luna, van a conseguir que yo deje de hacer mi trabajo.
Te espero, Sobaquillo, en la próxima visita; te tengo reservada ésa y otras diez o doce preguntas más, eso sí, con total respeto. Sólo faltaría.

