VÍDEOBLOG #Miedodequé: Francisco Ortega Viñolo, un ejemplo de entrega profesional y pasión, por Víctor J. Hernández Bru.
Como suelo decir, una de las grandes satisfacciones que me da mi profesión, mi trabajo, una de las circunstancias que hacen adorarla y considerarme un privilegiado es la cantidad de momentos y situaciones especiales y de personas excepcionales que me permite conocer.
En esta línea, este jueves he tenido la oportunidad de asistir al acto de imposición del Escudo de Oro de la Provincia, en el Patio de Luces de la Diputación, al doctor Francisco Ortega Viñolo, mítico médico almeriense, hoy con 92 años, y presidente durante mucho tiempo del Colegio Oficial de Médicos de Almería.
A don Francisco lo conocí de manera tan casual como curiosa, hace algo más de 20 años, el día en que ambos recibíamos nuestra beca de doctor, en el acto institucional de apertura del curso académico 2004 de la Universidad de Almería. Yo era un todavía joven periodista, que acababa de leer mi tesis doctoral y me encontraba aún en los primeros años de mi ejercicio profesional. Él, por su parte, era una institución en el ámbito médico y también en el panorama social almeriense. No he vuelto a tener mucho contacto con él, pero no se me ha olvidado su talante amable, educado, cercano e incluso divertido. Creo que para ambos fue uno de los días más importantes en nuestra vida profesional.
Como digo, han pasado más de 20 años y para mí ha sido un honor y un placer poder compartir con él otro de sus días más importantes, en un Pacio de Luces repleto hasta la bandera, entre miembros de su profesión, familiares, amigos, representantes institucionales y también ciudadanos de Lucainena, localidad a la que llegó hace más de seis décadas como primer destino profesional, donde estuvo once años, de donde se marchó despidiéndose de todos y cada uno de sus habitantes y donde años más tarde le pusieron su nombre a la biblioteca municipal.
Fue un enorme placer escuchar las intervenciones de las personalidades médicas que intervinieron en el acto, entre ellos en nombre de la Real Academia de Medicina de Andalucía Oriental y de la Real Academia Nacional de Medicina de España, el de un emocionado presidente de la Diputación, José Antonio García Alcaina, que imponía su primer escudo de oro, y sobre todo de su nieta, que no dejó de sonreír mientras se dirigía a su abuelo.
Pero, sobre todo, fue un gran placer, una experiencia vital escuchar a Ortega Viñolo describir sus 92 años de vida, sus más de seis décadas de servicio a los demás a través de la medicina, sus andanzas como médico rural, su entrega a los enfermos, su capacidad e iniciativa para impulsar y modernizar el Colegio Profesional y, en general, ofrecer un máster gratuito y concentrado de mi palabra favorita del diccionario, la pasión, ésa que es ingrediente imprescindible para acometer con éxito grandes proyectos.
Querido señor Ortega Viñolo, no sólo enhorabuena, sino sobre todo gracias por el inolvidable rato de este pasado jueves y por una vida entera dedicada y entregada a Almería, a los almerienses y a la medicina. En la actual sociedad hacen falta muchísimas más personas con este talante y esta pasión: no es que sean necesarias, es que son imprescindibles.

