VÍDEOBLOG #Miedodequé: Retratos tras la detención de Maduro, por Víctor J. Hernández Bru.
Poco va a poder aportar uno con respecto a la captura de Nicolás Maduro, tras haber pasado tantos días. Se ha dicho todo: con más o menos rigor, defendiendo unas posturas y las contrarias, con verdades y mentiras, con posturas más dignas y otras absolutamente impresentables, bajo mi punto de vista. Pero se ha dicho ya todo.
En lo que sí me gustaría poner el objetivo es en la amplia gama de comportamientos a propósito de estos hechos, de la caída de un dictador, de un criminal, de un traficante de drogas, de un tipo cuya victoria electoral no ha sido reconocida por muchos de los principales estamentos democráticos del mundo, incluyendo el propio Gobierno de España, que tampoco ha llegado nunca a reconocerlo.
Como era de esperar, ha sangrado la izquierda, ha llorado sangre, ha explotado públicamente, ha demostrado su habitual falta de rigor, ha dejado patente que para ella no existen las ideas, sino las conveniencias.
El hecho objetivo es que Estados Unidos, o Donald Trump, como se prefiera, acaba de librar al mundo y a su país de un tipejo cuyo régimen se ha apoderado del país, derogando la democracia, persiguiendo a los disidentes, arruinando la economía como sólo el comunismo sabe hacerlo y aliándose con lo peor del panorama, productores y traficantes de droga incluidos.
Y además, y esto también es objetivo, lo ha hecho con el mínimo derramamiento de sangre. Desde luego que Trump no es mi político favorito, pero hay quien le achaca que haya hecho todo esto por el interés de su país en el petróleo, como si las guerras que ha habido y sigue habiendo en el mundo se desarrollaran por nobles y altos ideales. Pero es que, además, hoy en día tenemos a un país occidental, civilizado y europeo como Ucrania, invadido y masacrado por otro, Rusia, mientras que toda esta gentuza que criminaliza a Trump apenas dice nada al respecto. Si Putin hubiera planteado una operación en Ucrania similar a la de Trump en Venezuela a mí tampoco me parecería idónea, pero desde luego no se puede cuestionar que habría sido mucho más limpia, digna y menos lesiva que lo que está haciendo ese grandísimo hijo de mala madre con el pueblo Ucraniano. Por cierto, que Putin condene la acción de Venezuela es la mejor demostración de la paupérrima catadura moral del personaje.
Ante estos hechos, repito, nadie puede sentirse sorprendido por las reacciones de la izquierda, que se ha limitado a hacer de izquierda, es decir, a su habitual posicionamiento miserable y repugnante en todos los sentidos y a todos los niveles. El presidente del Gobierno, Pedro Chapote, aliado del partido de la ETA, de los independentistas catalanes y de los bolivarianos de Sumar y Podemos, ha condenado el ataque. A mí el ataque no me gusta, que un país invada a otro aunque sea unos minutos, me parece mal; pero es evidente que hay que ponerlo en su contexto y si ello libra al mundo y sobre todo a Venezuela de semejante sátrapa, es sencillamente una bendición. Nos guste o no, el mundo necesita a unos Estados Unidos activos y comprometidos con la paz y la democracia mundial, al Estados Unidos de la Segunda Guerra Mundial, al de control de oriente próximo, al equilibrador del Viejo Continente en la Guerra Fría, al gendarme de la democracia mundial. Sin él, el mundo va a peor irremisiblemente.
En cuanto a la extrema izquierda, mejor ni hacer aprecio: repito una vez más que se trata de escoria social que siempre ha estado marginada y que desde hace diez años hemos cometido el error de normalizar e incluso elevar a las instituciones, a pesar de constituir una ínfima minoría. Que digan atrocidades y estupideces es absolutamente normal.
Pero lo que sí creo que es imprescindible es poner el dedo en la yaga de la manipulación informativa, a la que estoy convencido de que cada día menos españoles están ajenos, pero a la que hay que seguir señalando para ponerla contra las cuerdas. El día de la detención del criminal, sólo dos cadenas de televisión pararon sus programaciones para emitir especiales y ambas con la misma repugnante manera de mentir y manipular.
Como ejemplos, ya en redes comenté la actuación en TVE de una de sus periodistas del área de Internacional, Ana Bosch, una auténtica comisaria política que se atrevió a llamar radicales a quienes han luchado por la democracia en Venezuela como María Corina Machado y a quienes se vieron obligados a abandonar Cuba para vivir en democracia en el Estado de La Florida, en Estados Unidos. Algunos en redes la han defendido, porque son tan miserables comunistas, tan totalitarios y antidemocráticos como ella, que no es periodista, sino una activista disfrazada que pervierte y prostituye los medios para engañar a la gente. Lo ha hecho toda la vida y son muchos los que lo hacen como ella cada día.
En la Sexta, las cosas no iban mejor. Dentro de un tono sonrojante de manipulación, me quedo con un tipejo, un tal Marquina, que nos colocaba un “todo el mundo sabe que Rusia es un régimen de extrema derecha”, mientras que en pantalla lo adornaban con un rótulo que rezaba “Corresponsal experto en Rusia”. Régimen de extrema derecha, como es ‘lógico’ en un país aliado de China, Venezuela, Cuba y Corea del Norte. Y claro, al decir esto en redes, los analfabetos totalitarios de la extrema izquierda volvían a la carga con su manipulación habitual, afirmando que no puede ser comunista si es aliado de Hungría o si detiene a comunistas; como si lo que yo hubiese dicho es que Putin es comunista.
Insisto: lo de Venezuela es un tema que alivia y mejora nuestro mundo, a la espera de cómo reaccionen de verdad y con hechos Rusia y China, que es lo único que nos debe preocupar. Pero lo que sí es inquietante son las reacciones de la gentuza comunista con la que convivimos. Ahí es, querido oyente/lector, donde debemos poner el foco, lo que verdaderamente nos afecta en el día a día.

