RadioBlog #LoImprevisto: El pequeño gran comercio, por Francisco Cruz
En plena Navidad, época de comer bien, gastar y regalar son muy típicos los discursos grandilocuentes y moralizantes. No me gustaría caer en esa trampa, y por otro lado estamos en vacaciones y hay que salir de las tónicas habituales. Además, a veces también hay que hablar de la vida real y las cosas del día a día. Como digo la Navidad es una época de consumo y gasto a lo loco que llega a rozar la absurdez, pero hasta en eso de gastar como si no hubiera un mañana se puede acertar y hacer las cosas mejor.
Igual que en tantas fechas del calendario, nuestras fiestas cada vez cambian más y se alejan de la tradición. Las sociedades cambian, es normal, sin embargo en ese cambio a veces dejamos atrás a los que están a nuestro alrededor. Nos resulta más fácil ir a una gran superficie y cargar el coche que comprar en las tiendas que tenemos cerca y que son de nuestros vecinos. O resulta más fácil pedir los regalos por internet y que nos los traigan a casa. Como digo, es un cambio natural, pero siempre que se puede, yo soy partidario del trato cercano, del tú a tú y, por supuesto, del pequeño comercio.
No siempre un pequeño comercio hace las cosas bien, pero si quiere durar en el tiempo y prosperar, todo es tan sencillo como eso, hacer las cosas bien… El claro ejemplo lo tenemos, una vez más, en Macael. En ningún otro sitio podía estar la empresa más antigua de la comarca del mármol y el Almanzora en general. Les estoy hablando de la Panadería Guevara, un negocio de esos de toda la vida, y tan de toda la vida que cumple cien años en el 2026. Todo va tan rápido en nuestros días que ni un negocio ni una pareja duran en el tiempo, sin embargo la familia Guevara ha sabido mantener algo durante un siglo y me parece realmente admirable.
Para mi desde pequeño ha sido normal pasar por la esquina de esa panadería y mirar su escaparate, pero cuando me enteré que se cumplían cien años desde que Luis Guevara Miras fundara un horno de pan en mi pueblo me quedé sorprendido. Esto me lo contaron dos de sus nietos, Luis y Eduardo, que ya son abuelos, y os aseguro que pensé en como lo cotidiano a veces se convierte en extraordinario.
No obstante, que lo cotidiano se convierta en extraordinario solo puede ser fruto del trabajo y del esfuerzo, asique solo queda darle la enhorabuena a esta familia de mi pueblo por el trabajo de tantos años y de tantas generaciones. Esta Navidad brindaremos por cien años más, y los que hagan falta.

