VÍDEOBLOG #Miedodequé: La FAAM sí que es de oro, por Víctor J. Hernández Bru.
No recuerdo cómo ni cuándo conocí a la FAAM. Lo que sí recuerdo es cuándo esta organización pasó a formar parte de mis sentimientos más íntimos. No me extenderé en ello, puesto que es algo que ya he contado mil veces y, además, hoy no es lo importante. El caso es que un reportaje periodístico me valió uno de sus premios FAAM de Oro, creo que el más barato de todos los que han concedido, puesto que mis méritos fueron escasísimos y, desde luego, mucho menores que los de otras personas que intervinieron en ello, sobre todo mi queridísimo Carlitos Tejada.
El caso es que, desde entonces, el premio descansa en una estantería de mi dormitorio y la FAAM en mi corazón.
Siempre he admirado a toda la gente que hace cosas de manera desinteresada, en especial en relación con la integración y el cuidado de las personas que presentan alguna discapacidad.
Dentro y fuera de la FAAM, hay organizaciones excepcionales, formadas por auténticos héroes que merecen no ya un premio, sino la eterna admiración y reconocimiento por parte de todo el mundo.
El pasado sábado, en la Universidad de Almería, pude asistir, un año más, a la entrega de los FAAM de Oro de este año: un acto espectacular, brillantemente organizado y mejor aún presentado, que sirvió para contarnos unas cuantas excepcionales historias de vida.
Las organizaciones y personas premiadas de este año, como las de anteriores ediciones, encierran y exponen emocionantes historias y ejemplos de vida, de compromiso, de lucha, de trabajo, de sacrificio y también de éxito, que les harían merecedores de cualquier premio, de cualquier galardón, aunque sin duda el más importante que pueden recibir es este FAAM de Oro.
Lo que ese excepcional equipo, con el grandísimo Valentín Sola a la cabeza, pero con un amplio equipo de directivos y profesionales, integrando a un montón de asociaciones que cada una de ellas son la más importante del mundo para mucha gente, supone una construcción perfecta, redonda, grandiosa e imprescindible en la ciudad de la solidaridad, en el país del ‘sí es posible’.
Sinceramente, para mí, poder asistir cada año a conocer y a compartir las historias de estos gigantes, de estos titanes de la vida, supone una experiencia inenarrable, un momento de condensación de emociones que posteriormente se extiende en el tiempo como ejemplo de qué es y qué no es lo importante de la vida.
Queridos amigos de FAAM, muchas gracias por todo: vosotros sí que sois de oro.

