#ElMonoDesnudo: ‘De las vacaciones y el vacío’, por Gloria Pérez de Colosía
De las vacaciones y el vacío.
Una de las cosas atractivas de rodearse de personas estimulantes es que, además de trasladarte cierta genialidad, continuamente te inspiran y facilitan ideas para desarrollar.
Y así, de esa forma, entre conciertos en un intenso festival yo, y madrugones exagerados él para aprovechar las horas de la mañana en que sus hijas adolescentes aún duermen, surge el blog de hoy.
Ligero y etéreo por el sopor del estío, pero también lúcido y agudo si lo escuchan con atención.
La palabra vacación, que solemos utilizar en su plural, vacaciones, deriva del latín vacatio, vacationis, que proviene del verbo vacare, estar desocupado, encontrarse libre, refiriéndose al periodo de tiempo en que no se realizan actividades o se suspende la rutina cotidiana. En definitiva, hacer una pausa.
Pausa, a su vez, proviene del latín pausa, y del griego pausis, que significa parar, hacer un alto en el camino y que se relaciona con su antecedente etimológico indoeuropeo con el significado de soltar o dejar en libertad.
Y un último dato para contextualizar. La palabra vacaciones, comparte la raíz común vac con la palabra vacío, en latín vacivus.
Y esto no es casualidad pues, como mi brillante amigo me ha hecho ver, el concepto vacaciones y vacío han de estar necesariamente unidos y relacionados, pues es constante e interminable la necesidad que tenemos algunos de que las vacaciones sean vacíos donde sumergirnos, largos días de asueto que nos recuerden cuando el tiempo era más ancho, que decía Javier Bergia.
Vacaciones vacías de decisiones y llenas de vacíos.
Pero en lugar de dejarnos soltar, resolvemos concentrar en esos, a veces pocos días, todos los planes acumulados en los fastidiosos días de labores, muy preocupados, además, por no aburrirnos en los encuentros diarios con esas personas que convivimos y que llamamos familia, y a las que durante el resto del año solo vemos de refilón.
(No por algo los divorcios se disparan en el mes de Septiembre.)
En vacaciones nos olvidamos de la necesidad del vacío y la introspección. De no hacer nada. De al menos, un poco de nada. Y al final, cuando terminan, han sido las vacaciones que no han sido.
Y ocurre otra cosa, además. Sobre la base lingüística que contiene la palabra vacaciones, se configura otra extraordinariamente relacionada con esta: la palabra vanidad, del latín vanitas.
Y es que, con la exposición que en RRSS venimos haciendo de nuestras vidas, no podemos dejar de exhibir nuestras vacaciones, como si de conseguir el primer premio se tratara. Con la jactancia de quien hace lo que otros no. Con la estupidez de considerar que, si no lo mostramos a los demás, no ha existido. Somos vanidosos, pero no caemos en un estanque, lo subimos a las redes.
Ocurre, respecto a las vacaciones, otro fenómeno insalvable, las vacaciones de los autónomos. Las vacaciones pagadas son un derecho de los funcionarios desde 1918, pero no fue hasta 1931 cuando en la II República se aprobó la ley que también incluía a los asalariados. 7 días al año hasta los 30 de la actualidad. Un derecho al descanso reconocido en la propia constitución.
Pero hete aquí que existimos nosotros, los autónomos. Esa especie que, como el junco, resiste los desafíos de la vida. También queremos vacaciones, pero, si las queremos, han de ser a cuenta de no facturar, por lo que el reto de caer en la introspección y en la nada deviene totalmente imposible.
Como un ruido que no se apaga, nuestros clientes, sobre todo los prestos a ser minutados, nos acompañan durante todas esas largas horas de paseos, lecturas y bronceados hasta despertarnos súbitamente de la siesta estival creyendo que es un miércoles cualquiera de febrero.
No hay descanso para los autónomos como no hay paz para los malvados y, si volvemos a la etimología de las palabras, resulta que también la palabra vacaciones comparte raíz con la palabra vago, del latín vacuus, que es como muchos nos sentimos tirados tripa arriba, auto obligándonos a descansar, pero no pudiendo dejar de pensar en cómo pasaremos nuestra particular cuesta de Septiembre.
Y, para terminar, les dejo una encantadora frase de Evan Esar, humorista americano: “Las vacaciones son como el amor: las anticipamos con placer, las experimentamos con incomodidad, las recordamos con nostalgia”.
Disfruten lo poco que queda.

