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Revólver conquista el Auditorio Maestro Padilla con un repertorio incontestable

Carlos Goñi locuaz y brillante hizo gozar al público más de dos horas con su inconfundible manera de sentir el rock

En enero de 1989, Carlos Goñi decide fundar Revólver, grupo con el que daría continuidad a una carrera musical que inició cinco años antes bajo el nombre de Garage y con mayor perdurabilidad con Comité Cisne. Ahora, casi 35 años después y tras diecinueve trabajos discográficos previos, entre los que se incluyen sus famosos Básico de los que hay hasta cuatro volúmenes, llegaba de nuevo a la actualidad bajo el nombre de Adictos a la euforia su vigésimo álbum. Nada mal para quien es uno de los grandes letristas y compositores del rock de nuestro país. Su gira de presentación hacía anoche una nueva muesca en el Auditorio Municipal Maestro Padilla, en el marco de la programación otoño y al alimón con la especial de Navidad y Reyes puesta en marcha por el Área de Cultura, Tradiciones y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Almería.

En una carrera de largo recorrido como la suya hay espacio para todo tipo de ondulaciones, búsquedas y maneras de hacer. Después de haber simplificado su discurso en ‘Babilonia’ y suplirlo con más cantidad de temas en ‘Capitol’, estos cinco años han rearmado al bueno de Goñi para volver con su capa más esencial y germinal, recordando en los nuevos temas todas sus influencias que le impulsaron a paliar con la guitarra la lesión adolescente que le retiró del balonmano. Por eso su gira se ha impregnado de esas influencias y lo demostró anoche en el Auditorio, un lugar que Carlos recuerda a la perfección porque, tras el segundo tema, compartió que “aquí he dado yo el concierto más largo de toda mi carrera. Fue en el 98 y duró como tres horas y diez… Hoy no va a ser tanto, pero lo vamos a disfrutar igual”.

Arrancó con tema reciente, ‘El anillo de boda’. Una de esas canciones que abre la presa hacia el río y se descabalgan con letra generosa y una progresión que adorna con tintes épicos, como el buen enlace con la primera de las muchas celebraciones de la noche al reconocer los acordes iniciales, ‘Si no hubiera que correr’. Locuaz y feliz en el discurso, el concierto tuvo un tono profundamente vitalista. Una actitud que demuestra en todos los pequeños detalles, desde su rechazo a escribir ni una sola línea en tiempos de pandemia, “ni ninguna otra por exigencias del mercado” y por un saneamiento y depuración corporal que ha completado esta nueva renovación.

La también clásica ‘Tu noche y la mía’ casó bien con ese medio tiempo melódico del último álbum llamado ‘Al infierno sin papeles’, con el que brindó con su botella de agua. “Dicen que no se brinda con agua pero el día que no tengamos agua con la que brindar a ver quién tiene ganas de brindar con otra cosa”, dijo sonriente para añadir entre risas, “para vosotros es mejor que mientras yo esté aquí arriba brinde con agua”.

Con su inseparable Manuel Bagües al bajo, con quien lleva quince años, Miguel Giner a la batería, y el reciente fichaje de David Sanz a teclados y órgano, revistiendo las canciones con ese sonido de rock americano tan springsteeniano la actuación continuaría con la creciente ‘Sara’, con un calorífico solo de Sanz en la parte central, y con ‘Blackjack’, un corte duro y escrito en un momento difícil. “Los creadores nos creemos que cuando trasladamos lo que sentimos a una letra, a un lienzo… nos duele la mitad y la verdad es que no, sigue doliendo igual”, confesó.

Sin prisa, pero sin pausa. La noche avanzaba con la muy cantada ‘Si es tan solo amor’ y con un ‘Odio’ que, tal y como señaló Carlos, “podría escribirse una y otra vez, basta con ver ese programa de humor que hay en la tele a las tres de la tarde”, ironizó con un tema juguetón en el que la banda se lo pasó en grande con las diabluras de teclas. ‘El otoño está al caer’, más reposado fue el tercero y último de los temas nuevos en hacer aparición, justo en la parte central del concierto, “y creo que se a quedar mucho tiempo en el repertorio de esta casa”, pronosticó antes de entrar en un segundo tramo donde aparecieron los grandes himnos esperados.

‘Mi rendición’ se presentó con un marchamo algo más liviano y ligero, llevándolo más a terrenos country, mientras que ‘San Pedro’ fue una gran fiesta para el patio de butacas con ese estribillo pegadizo e hipnótico, con olor a la sal del mar. Tras la doble catarsis, Carlos Goñi se quedó solo en el escenario para hacer una tanda de temas con su acústica. “Mientras la banda se va a descansar un poco se van a quedar conmigo, que soy el telonero y en este punto siempre interpreto una canción que varía cada noche, llevamos cincuenta en el repertorio…”. Y fue ‘El peligro’ la elegida para abrir un tramo que se completó con ‘Esclavo de tu amor’ y ‘El faro de Lisboa’, absolutamente sublime en lo vocal.

Para el regreso de músicos también sorprendieron a recuperar ‘Es mejor caminar’, que Carlos cantó sin guitarra, algo que resulta infrecuente y que ejerció de despedida oficiosa antes de los bises. Era el momento de echar el resto y, para ello, qué mejor de tirar de un clasicón como el ‘Old time rock and roll’ de Bob Seger, en versión en español, para continuar con ‘El roce de tu piel’. La fiesta terminaría con una extensa visita a ‘Eldorado’, donde Carlos hizo gala y alcanzó el cénit de su pericia en la guitarra, denominador común en todo el concierto, con un solo de guitarra concatenado que por momentos parecía transformar el tema en su propio “Free bird” de Lynyrd Skynyrd. Un cierre por todo lo alto para una noche de buenas letras y buena música. En plen

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