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VÍDEO BLOG #Miedodequé?: La quinta ola sustituye a la hora de las sonrisas… como era previsible. Si total, ¿qué sabrán los expertos?

VÍDEO BLOG #Miedodequé La quinta ola sustituye a la hora

VÍDEO BLOG #Miedodequé?: La quinta ola sustituye a la hora de las sonrisas… como era previsible. Si total, ¿qué sabrán los expertos?, por Víctor J. Hernández Bru.

De las muchas taras y deficiencias que presente el actual gobierno social-comunista, seguramente la peor sea la soberbia que le lleva a despreciar de manera constante y repetitiva el criterio de los profesionales de los que entienden de cada cosa, de los que llevan décadas estudiando, trabajando, preparándose, investigando y dominando las diferentes materias que pueden afectar a la gestión de un país.

Un drama no menor en general, pero que se torna tragedia teniendo en cuenta el nivel de preparación de buena parte de los integrantes del gabinete, desde NI-NIS hasta cajeras, pasando por tipos que abandonaron sus carreras tras cinco años sin pasar de curso o gente que es capaz de situar Huelva en el Mediterráneo o dudar de entre patria o matria.

El gobierno de Pedro I el Falso es, probablemente, el mejor reflejo de lo que ocurre en una parte de nuestra sociedad, ejemplo de cuñadismo, de gentes que se creen que saben de todo sin haber leído un libro de ninguna de las materias de las que presumen, de ‘maestros Liendre’, que de todo saben pero de nada entienden, con el peligro de que sus bravuconadas y milongas no se quedan en la barra del bar de la esquina, sino que se traducen en la acción de gobierno que mueve la vida de millones de españoles.

Así, este gobierno pretende enmendar la plana a los jueces e incluso les pide sentido de Estado a quienes emiten sentencias que no son del agrado de sus ministros, incluida alguna que incluso ha llegado a ser juez del Supremo.

Con ese ‘nivel Dios’ de cuñadismo, a nadie extrañará que los integrantes del ejecutivo tampoco se interesen demasiado por lo que tienen que decir los científicos y los sanitarios acerca de la pandemia. Hace un año, sin encomendarse a Dios ni al diablo, el cuñado mayor del reino se asomó a la ventana de la televisión que pagamos todos para proclamar que habíamos vencido al virus. Ningún otro imbécil, por muy reputado que pretendiese ser, se había atrevido a nada parecido antes ni se ha atrevido después, sencillamente porque todos intuimos que el virus nos va a acompañar, con mayor o menor potencia, seguramente en lo que nos resta de vida.

Después vinieron la segunda, la tercera y al cuarta olas, que nos han aderezado la vida desde aquellas declaraciones, tan fatídicas como estúpidas, del hombre que preside este país, para cachondeo de Biden y del resto de líderes mundiales. Y este verano, seguramente habiendo aprendido la lección a medias, el tipo ha mandado a su ministra de Sanidad, que no tiene pinta de ser mucho más inteligente que él, a decir aquello de que “ha llegado la hora de las sonrisas”, instando a que nos quitemos las mascarillas en público.

Como ya sucedió el año pasado, el anuncio ha coincidido con un repunte mayúsculo de contagios e incidencia. La razón tampoco había que ir a buscarla ni a Harvard ni a Cambridge: si tú a una población reprimida durante más de quince meses, le dices que se pueden quitar ya las mascarillas, los más atrevidos e incluso los más timoratos entienden que el peligro pasó y que ha llegado el momento de subirse unos encima de otros mientras nos pasamos el cubalitro con la habilidad de antaño.

No era difícil: para evitar este nuevo y dramático ridículo, bastaba con consultar a sanitarios y científicos. Todos, absolutamente todos les hubieran dicho lo mismo. Ahora, como hace un año, es momento de echar el muerto al ocio nocturno. No me extrañaría que la próxima del cuñado mayor sea ordenar a los seleccionadores olímpicos qué equipos titulares tienen que sacar en los Juegos Olìmpicos. Si total, ¿qué sabrán ellos?

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