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EL CASTIGO…”AL ZULO”

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El Castigo… “Al zulo” – Artículo de opinión de Antonio Jesús Hidalgo Garrido

          …nos quedamos en aquella “condena social” cuando se supo mi candidatura en el PP, de que nadie volvería a desayunar junto a mí públicamente, como efectivamente así sucedió. Sólo una persona, que además de compañero también es familiar, tuvo la valentía de acompañarme diariamente al desayuno a casa de mis suegros, que nos pillaba a 3 minutos del trabajo (gracias Ángel). También tengo que decir, que en estos últimos años (a partir de 2016), algunos de los que se iban jubilando o estaban a punto de hacerlo y ya no se “jugaban” nada en ese Ayuntamiento, puntualmente en ocasiones me acompañaban a desayunar, ahora sí al bar “Acuario”…gracias Juan y Luis.

          Aquellos días desde el mes de abril, hasta las elecciones a finales de mayo (año 2003), pasaron muy deprisa, porque además yo dispuse de los 15 días para la campaña electoral, que trabajamos intensamente (puerta a puerta, mítines y actos públicos) por lo que no tenían oportunidad de hacer nada contra mí. Celebradas las elecciones municipales, nos quedamos sólo a 14 votos de lograr la mayoría absoluta, provocando en D. Antonio un “patatús”, durante el recuento (según cuentan), recuperando la conciencia y estabilidad metabólica, cuando consiguió el compromiso firmado (esa misma noche) y el apoyo explícito del maestro que encabezaba la lista de Izquierda Unidad (no de la generalidad de la coalición) para conservar su feudo. Recuerdo con añoranza como nos abrazaba la gente (incluso “compañeros” del consistorio) al llegar a la sede del PP (en Puebla de Vícar) ante los resultados abrumadores de las primeras mesas electorales…despareciendo paulativamente de nuestra sede, para trasladarse a La Gangosa, donde se ubicaba la del PSOE, al saber que no llegábamos a la mayoría absoluta necesaria para gobernar (digno de un guión de Berlanga).

          Pasadas las elecciones tocaba volver al trabajo…mi condición de funcionario y concejal en la misma Administración, eran incompatibles (según ley), por lo que tenía que optar entre una u otra, antes del pleno de constitución de la corporación (hablamos de 20 días). En ese plazo, tuvieron tiempo de mandarme un señor mayor ebrio al mostrador de información donde me habían trasladado recientemente (sería casualidad) desde el área de intervención, (plaza que ostentaba desde el inicio), el cual me voceó en varias ocasiones diciendo: “eres un facha, hijo de puta”, junto a su hijo y otros amigos (les recuerdo que yo tenía entonces 29 años y  mi causa era haber resultado elegido concejal del PP en Vícar). También una mañana bajó la concejal de servicios sociales y sin mediar palabra se acercó (comprobando que no hubiera nadie) y me dijo, “eres un ruín, así no se hace política”…al parecer se molestó que dijera en un mitin que había contratado a dedo a su marido.

          En fín, llegó una opción transitoria (dado que sólo duró 9 meses) en la que el partido me ofreció la posibilidad de tomar posesión del acta de concejal, solicitando excedencia forzosa por cargo público. Situación que finalizó en marzo del año 2004, viéndome obligado a renunciar al acta de concejal y reincorporarme a mi puesto de trabajo, comprobando que “me estaban esperando con los brazos abiertos”. La primera medida fue la Resolución de Alcaldía (nuevamente), porque ese Ayuntamiento no tiene catálogo de puestos de trabajo para poder arbitrariamente mandar al personal donde les plazca, trasladándome al sótano del Ayuntamiento, en las dependencias del archivo municipal. Ahí, en el archivo, estuve casi 2 años, sentado a diario sobre una caja de cartón (recuerdo perfectamente de la empresa vicaria Smurfit Kappa), junto a un sumidero del saneamiento del edificio que soltaba un olor insoportable y sin ningún tipo de protección, accediendo a través de unas escaleras, desde las dependencias de la policía local. Así se gestionan los recursos públicos y las libertades en Vícar, condenando a un funcionario a estar mirando a la pared, “como lo pagan los vecinos…”, con independencia de su formación, “si no es socialista, no cuento con él…”.

          En los sótanos del Ayuntamiento, bajo el argumento legal recogido en la resolución de “…todas aquellas otras funciones que determine el responsable del departamento…”, me limitaba a mover las cajas (de alhóndiga) donde se apilaban los expedientes administrativos, siguiendo las instrucciones del archivero municipal. Por cierto exconcejal del Ayuntamiento de Roquetas de Mar (por un grupo independiente ya extinto), al cual tengo que “agradecerle” sus gestos continuos de consideración hacia mí persona, tales como; cerrar la puerta con llave desde el exterior y dejarme toda la mañana ahí encerrado (bajo la excusa de me olvidé de dejarte la llave), hasta que le amenacé con llamar a la guardia civil si volvía a hacerlo; el dar multitud de “viajes” subiendo y bajando los mismos paquetes, a dependencias municipales que supuestamente le solicitaban compañeros; o el prohibirme “tocar su ordenador y sentarme en su silla”, en sus prolongadas e injustificadas ausencias.

          En ese primer “período de aceptación de la culpabilidad y las represalias”; a parte de los desayunos; el día a día en el sótano (sarcásticamente me apodaron Ortega Lara); o el veto a comidas/actos entre “compañeros” (navidad, fiestas de Puebla de Vícar…) casualmente, la lista para apuntarse nunca llegaba al archivo…pues bien, a parte de eso, se sucedían sorprendentemente acontecimientos tales como que mi coche pinchó hasta en 3 ocasiones en el aparcamiento junto al Ayuntamiento, o que cuando me desplazaba en moto, el alcalde me llamaba la atención por aparcar en la fachada (cuando había otras motocicletas de otros “compañeros”) debiendo estacionarla en uno de los laterales del edificio; recuerdo quitar restos de excrementos de perro sobre mi asiento (¿alguien ha visto alguna vez un perro “cagar” sobre el asiento de una moto?; incluso una mañana dos miembros de la cuadrilla de mantenimiento cortaron losas con un caballo (herramienta), proyectando todo hacia mi moto teniendo que, a la salida, pedir a jardinería que me dejaran conectar una manguera para poder lavarla, antes de subirme. Supongo que estos señores, ya serán jefes de algún área.

          El siguiente traslado, también por resolución de Alcaldía obviamente, vino tras la mediación de la hermana mayor de la cofradía de Puebla de Vícar (a la que estaré siempre agradecido) y con la que trabajé durante muchos años para esa hermandad. La cual, consiguió ablandar el corazón del alcalde y levantarme parcialmente el castigo. Volví de nuevo al área de información y registro…qué alegría!!!! Las profundas creencias religiosas de D. Antonio y su pinitos sacerdotales, imagino que le hicieron más fácil recurrir al perdón hacia mi persona, a pesar de mi obra cargada de ingentes pecados. Por supuesto perdón envenenado, que seguiré relatando…

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